El pasado se encuentra fragmentado en la realidad, grabada en mi piel aquella noche donde te busqué para encontrarte y lo logré, y no escapaste, por primera vez no lo hiciste; hiciste que mi cuerpo se estremezca con lo infinito de tus labios, las noches más frías todavía me obligan a soñarte, las más tristes ni siquiera me otorgan la posibilidad de viajar a mi inconsciente, el insomnio grita tu nombre y lo único que resta es recordar lo que lograste con tan poco. No me molestó que mis metas hayan cambiado a partir de tu luz, peleé por vos sin saberlo y perdí cualquier tipo de posibilidades porque el orgullo nos corroe a ambos, pero acá es donde duele.
El orgullo actuó como espinas clavadas en cada milímetro de mi piel, el tuyo y el mío. Los ojos que ayer me miraron extraño cuando besé tu mejilla, hoy solo me transmiten un desprecio u olvido desmedido y sin razones, quizás las hay, pero todavía no nos conocemos. Tal vez seré poco para vos, pero ¿quién te crees que sos para estar todavía en mi mente? A veces creo superarte, pero luego realizo que lo único que hago es buscar partes de tu cuerpo en otros.
Adicta a leer textos que escribí días antes de encontrarte, para ver qué fue lo que hice o pensé para haber logrado algo que hasta el día de hoy me quita el aliento. Asustada por encontrarme escribiendo en este momento, y quizás hasta rogando una salida. No quiero más de tu ausencia, me aburrió y me asfixia.
Extraño esa suerte de descubrirte a solas, de volar en un cielo donde nada me toca, salvo tus manos, de sonrisas invocadas por un único motivo: vos. yo. un mismo espacio en común. compartirnos en tu mundo. tu cuerpo. el mío. infinidad. para siempre. nunca más.
1 cosmonauta s:
Siempre el orgullo metido en estas cuestiones. Y ese placer por la autodestrucción, por escarbar en la herida, sin necesidad alguna.
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